¿Significa Navidad el color del tiempo?

        Las cosas no compran la alegría de la Navidad, ni el color, ni el deseo de cantar villancicos. El regalo navideño, en todas las partes del mundo, tiene un mismo significado, el de recordar el primer regalo que Dios nos ofreció a todos en una noche llena de luz y de paz.

La Navidad es importante, no sólo porque una tercera parte de la población mundial cree en Jesús y en su doctrina. La Navidad es importante porque la Estrella no ha dejado de moverse y en su fugacidad, la luz se hace visible. Es cierto que Herodes, sigue imponiendo su tiranía y su maldad, que los pastores han desaparecido en los paisajes, que los Reyes Magos, silenciosos, ya no tienen el mismo significado, ahora pasan por las ventanas los robots dibujando juguetes alternativos... Y los recuerdos ya no crean ilusiones como antaño.

Aquel portal pobre, está lejos, es un cuento, en un mundo materializado el que nos domina ahora. Pero para muchas personas, la Navidad, es la fiesta de la alegría, de la pureza de los sentimientos de la fe. Y no es precisamente el gozo de obtener cosas, sino de sentir la vida llena, plena de amor, de familia, de significados, de fe, de esperanzas, incluso aunque no tengamos bienes materiales.

Estos días, le pregunté a un niño mexicano: ¿de qué color crees que es la Navidad? Y el niño me contestó: «Es del color del tiempo».

Me dejó pensando, su respuesta. ¿Cómo es el color del tiempo? Me vinieron muchos colores a la mente, y entre ellos se iban mezclando gentes, razas, etnias, pobres, ricos, enfermos, trabajadores, blanco, rojo, azul, verde… ¿De qué color es el tiempo, o de qué color es  tu Navidad?

Un ir y no volver de la edad nos empuja ¿a cuántas navidades? Para muchos tal vez es la primera, para otros la última. Lo cierto es que la Navidad somos personas. Individuos que pasarán la noche sin color, solas, otras vivirán separadas de la familia, luchando por un trabajo digno, por un dinero que les permita volver a su patria, emigrantes, refugiados de guerra, divorciados, viudos, estudiantes, personas que no tendrán comida, niños que no tendrán hogar, que pasarán hambre, soldados de las guerras, sin paz, sin familia… ¡Y cuántos en las cárceles!

Y muchos en la abundancia de la corrupción que van arrastrando con promesas a los más ignorantes, y son colores pálidos de la sociedad que destiñen el aire.

Muchas tarjetas navideñas no llegaron a tiempo, otras, no las escribió nadie. Algunas llegaron sin esperarlas. Pero aceptemos que para los católicos, es Navidad, y nos envuelve el color de la alegría, del niño que tiene una respuesta inocente, válida en nuestras vidas, y sí, lo mismo que llega, todo se va en colores.

 Por Julie Sopetrán

Fotos por Mary J. Andrade

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