

Oaxaca, la ciudad de la filigrana en plata y oro, vestida con el color del jade de la cantera verde, se engalana para ofrecer la alegría de sus tradiciones decembrinas.
En el corazón de la capital oaxaqueña, en el mes de diciembre está la celebración de la Patrona de Oaxaca, la Vírgen de la Soledad. Su fiesta se realiza el 18 de diciembre, a la que le sigue el Festival de la Noche de los Rábanos el 23 del mes, culminando con la Calenda de Noche Buena que transita alrededor del zócalo de la ciudad, a partir de las ocho de la noche.
Al finalizar noviembre, las personas mayores comentan: “Ya apareció el lucero de la Vírgen!”, señal precursora de la Santa Patrona del Estado, la Inmaculada Vírgen de la Soledad. Es el 18 de diciembre cuando el estado conmemora esta advocación que, según la leyenda que se transmite de padres a hijos, es la fecha que apareció la imagen de la vírgen. No hay oaxaqueño que no sienta cariño por “mama Chole”, como la llaman los indígenas.
Una vez que el lucero comienza a relucir en las diferentes regiones del estado, se inician las peregrinaciones hacia la capital. Los devotos llegan con sus ofrendas al Santuario de la Vírgen de la Soledad, el que se levanta al pie del Cerro del Fortín, llegan desde la Sierra, la Costa, la Mixteca, del Valle, de la Cañada, del Istmo y del Alto Papoalapan.
El estar inmersa en las horas festivas, viviéndolas intensamente, dejaron grabados en mi espíritu el sentimiento de fraternidad y devoción de los oaxaqueños, expresados en oraciones en voz alta, música, danzas y juegos pirotécnicos.
De acuerdo a las creencias, el 18 de diciembre de 1620, “un arriero que iba de Guatemala a Veracruz, se detuvo a descansar en la Ermita de San Sebastián, en la “Verde Antequera”. A la hora de partir, una mula ajena que estaba en la recua se negó a moverse. La autoridad religiosa revisó entonces la carga que llevaba la mula, hallando unas imágenes de Nuestro Señor Jesucristo y de la Santísima Vírgen, cuya leyenda decía: “María Santísima de la Soledad, al pie de la cruz”. Interpretando el hecho como un signo, en el lugar se construyó un templo dedicado a la Vírgen de la Soledad”.
La Basílica de la Soledad construida entre 1682 y 1690, se levanta hoy en el sitio del milagroso hallazgo. Su impresionante fachada de cantera y su importancia histórica la han convertido en su símbolo indiscutible de Oaxaca, El exquisito gusto arquitectónico del templo es de primera calidad lo que hizo al historiador oaxaqueño José Antonio Gay expresar: “Los arcos atrevidos, las bóvedas soberbias, la finura de los detalles, como la grandiosidad del pensamiento que se manifiesta en el conjunto, hacen de este templo uno de los mejores de Oaxaca”.
El santuario – lee una inscripción dentro del templo – “es uno de los más bellos y notables de esta ciudad, por su arquitectura y decoración artística levantada en el lugar donde antiguamente se construyó una ermita dedicada a San Sebastián”.
El templo y su amplio atrio es el lugar de peregrinación de millares de devotos que acuden a visitar a la patrona de Oaxaca, ofreciéndole regalos de flores y joyas, durante los 15 días que duran su fiesta en diciembre.
La fiesta de la Virgen de a Soledad es una maravillosa maniestación de sincretismo cultural: una fe católica arraigada que se expresa a través de las formas y colores de la cultura oaxaqueña.
Cada día hay una celebración diferente, siendo la Misa de la Calenda, el 16 de diciembre, a las 6:30 de la tarde, la de mayor colorido.
Primero Dios iremos a la Calenda
“María de la Soledad
en camarín de cristales
vela tu Virgen doliente
sus destinos celestiales
y es alivio de tus males
la palidez de su frente…”
Con esta estrofa envían las Chinas de la Calenda sus invitaciones para que los habitantes de la ciudad se unan al festejo de “un año más que estamos bajo su maternal protección. Ella nos espera para compartir con nosotros la alegría de su fiesta”.
Antes de las seis de la tarde comienzan a llegar hasta el atrio las mujeres con sus canastas, en espera de que la banda inicie su música de chirimía. Como un prólogo a lo que sigue durante la noche, las mujeres y niñas pequeñas danzan con las canastas en sus cabezas que sostienen con ambas manos mientras giran siguiendo los compases de la música. Después de 20 minutos comienzan a formarse en doble fila a la entrada del templo. Encabezan esta formación varios niños vestidos de ángeles, custodiados por sus madres quienes, en revoloteo constante, se encargan de enderezar alas, extender vestidos, mientras los pequeños esperan el momento de ingresar. Previo a la entrada, un sacerdote bendice a los devotos y salpica agua bendita sobre las mujeres, quienes llevan sus ofrendas sobre sus cabezas.
Las canastas son decoradas con flores de diversos colores, con diseños de arpas, imágenes de la Vírgen venerada, santos, pavos reales, liras y pájaros. En la calenda cada una de las personas que porta una canasta lo hace en pago de una promesa por un favor recibido de la Vírgen de la Soledad.
El 17 de diciembre, después de algunas horas de descanso, la fiesta continúa. Alrededor de las 10:30 de la noche hay una nueva cita de música y colorido en el atrio de la catedral para acompañar a la Tuna de Antequera en una callejoneada, en honor a la patrona de Oaxaca, hasta el atrio del templo de la Virgen de la Soledad, donde se realiza la quema de un “Castillo” alrededor de la media noche. Luego de una explosión de luces en el firmamento, los devotos continúan su vigilia para cantar las Mañanitas a la vírgen de su devoción, en las primera horas de la mañana.
Durante todo el día 18 se celebran misas solemnes. Muchos devotos llegan con nuevos arreglos florales, no faltan las danzas indígenas de las delegaciones procedentes de las diferentes regiones del estado, sobresaliendo la majestuosa “Danza de la Pluma”, con su impactante música y movimiento de los danzantes.
La fiesta de la Vírgen de la Soledad es una manifestación de fe, impregnada de música y alegría, tradición de siglos repetida año a año. Ni siquiera las fachadas de las casas se escapan del entusiasmo general, sus dueños las decoran con los colores azul y blanco iluminando las viviendas durante los días del novenario.
La fe de los oaxaqueños, la música y las danzas tradicionales se conjugan para hacer de la fiesta de la Soledad una experiencia de inmersión cultural y espiritual inigualable.
Diciembre es un mes único por la belleza de las fiestas tradicionales oaxaqueñas. La fiesta de amor y fe a la Reina y Señora de Antequera, la Vírgen de la Soledad, es sencillamente inolvidable.
Texto y fotos por Mary J. Andrade










