LA BOTARGA (Fiestas y costumbres de España)

Por Julie Sopetrán

La botarga es el símbolo del mal, muy popular en la provincia de Guadalajara, (España) Consiste en un danzante que incordia a los demás. Es también un tonteras. Normalmente acompaña en alguna procesión de vírgenes o de santos y va danzando, haciendo travesuras e intenta distraer a la gente que están en la misa.

La botarga va vestida con colores muy vistosos y máscaras horribles, persigue a las mozas casaderas con una cachiporra y suelen llevar también castañuelas. Dejan entrever su origen en ritos de fecundidad paganos.

En Guadalajara tenemos la botarga de Retiendas, un pueblo pobre, está situado al sur de la sierra de Tamajón, un pueblo que vive de la ganadería y en los alrededores están situadas las ruinas del Monasterio de Bonaval de arte ojival. Su fiesta es el día de la Purificación de la Virgen. Este ser enmascarado llamado “botarga” salta desde los terraplenes y parece un diablo, va sonando los cencerros que lleva atados a la cintura haciendo ruido y dando voces por donde pasa.

Aunque la botarga parece un arlequín, no tiene nada que ver, su traje de bayeta roja y amarilla alterna con parches de gran colorido. Ostenta una especie de orejas cilíndricas, a las espaldas lleva un gran cobijón de colores donde guarda ceniza, paja muy molida o pelusa de espadaña. En su mano derecha lleva una gran castañuela y en la izquierda una descomunal cachiporra. Calza abarcas con peales de pellejo y ostenta un llamativo rabo hecho con la misma tela, parece un auténtico diablo.

Sus mojigangas requieren que el danzante enmascarado mantenga el tipo haciendo ejercicios que requieren un gran equilibrio. Va saltando y bailando de casa en casa y reúne a las autoridades, sacerdote y mayordomos de la Hermandad de la Virgen de las Candelas. Lleva a toda la gente a la iglesia del pueblo donde se celebran las vísperas.

Toda la gente entra a la iglesia menos la botarga que se queda fuera del templo, buscando y persiguiendo a las mozas, los mozalbetes insultan al enmascarado. Luego se hace una gran hoguera. Los mayordomos invitan a la gente con vino o refrescos. Y disfrutan viendo cómo la botarga salta el fuego de un extremo a otro. Cuando acaba el fuego la botarga se revuelca entre las cenizas y los tizones de la fogata para mancharse y manchar a los demás. Luego llena su cobijón de ceniza y les va echando a las mozas y las mujeres del pueblo, siendo un jolgorio y persecución por las calles.

Todo esto se hace a la caída de la tarde, ya noche, para que las llamas den al lugar un aspecto macabro en contraste con la botarga que parece una momia viviente. A veces la hoguera de la botarga ha durado hasta cuatro o cinco días y de esa forma la fiesta se alarga. Al día siguiente va la botarga en la procesión alabando a la Virgen y todos tienen que contestar con un vitor o viva la Virgen.

La botarga hace una especie de baile, saltos, contorsiones, piruetas, pantomimas, para ser fiel a una especie de rito ancestral que se conserva por estos pueblos castellanos. Es un alarde de dinamismo, de sudor, de entrega enmascarada. Otra de las curiosidades de este pueblo es que después de las procesiones, los almonedeos, las ofrendas presentadas a la Virgen de Candelaria, los mayordomos presentan una gran tarta de caracoles hecha en forma de pirámide y en cuyo vértice lleva un pájaro, hecho también de la misma masa dulce. La botarga roba el pájaro, como una más de sus travesuras, y con él, huye, se sube a una gran terrera que hay frente a la iglesia y allí clava su cachiporra en sitio visible y sobre ella pone el pájaro robado.

Los asistentes a la típica fiesta, comienzan a tirar piedras, con objeto de derribar el pájaro, y alguna piedra le llega también a la botarga que, permanece junto a la cachiporra, sin miedo alguno y asumiendo el peligro. Cuando el pájaro es derribado, la botarga se arroja por las terreras rodando como una bola. Entonces la persecución se acrecienta y el pueblo y los forasteros lo persiguen.

Las gentes de este pueblo dicen que la fiesta es tradición y la han heredado de sus antepasados. En pueblos cercanos también existen estas botargas, en Tortuero, allí es el 6 de enero. En Montarrón, en Robledillo, en Jadraque, Budia, Beleña, Valdeluño, Majalrayo, Utande, Mazuecos, en Peralejos… Cada lugar tiene distinta máscara y distintos significados, atormentados, infantiles, tétricos, renancentistas, pastoriles, religiosas, votivas, todas ellas heredadas de padres a hijos, eran promesas, votos, herencias y trajines de la costumbre arraigada a la tierra.

Hay lugares de Guadalajara, como Palancares y Almiruete, donde no sólo hay un enmascarado sino varios, grupos de botargas que aún celebran el día de Santa Águeda, 5 de febrero, estas botargas visten de blanco, llevan cencerros atados a la cintura y ostentan un cuerno. Suelen cubrirse con pieles de cabra, cual si fueran máscaras zoomórficas haciendo honor a la prehistoria.

Estos ritos enmascarados representan esa parte del ser humano tan desconocida, como es la de actuar con la otra personalidad vestida de otro “yo”, el carnaval, la oportunidad de ser lo que no soy, lo que quisiera ser, lo que nunca fui, incluso lo que no quiero ser… La máscara, la botarga, nos brinda esa oportunidad de manifestarnos en el falso espejo, ese que también nos proyecta en lo grotesco, allí donde nos es más fácil reírnos de nosotros mismos, dando a la irrealidad una u otra dimensión humana de lo real.

Yo os animo a visitar estos pueblos que me rodean y conocer la botarga más de cerca.

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