

Ubicada a 2,442 metros de altitud y a 623 kilómetros de la capital mexicana, Zacatecas se levanta en medio del desierto, extendiéndose a lo largo de una cañada y quedando aprisionada en su cabecera por los cerros de la Bufa y el Grillo.
El nombre del estado y de la capital tiene su origen en la palabra náhuatl “Zacatl” que significa zacate y “Tecatl” que quiere decir gente.
Entre cerros y montañas en el centro-norte de México, la Ciudad de Zacatecas, capital del estado del mismo nombre, es un tesoro cultural que ha sabido preservar su esencia colonial a través de los siglos. Declarada Patrimonio Cultural de la Humanidad por la UNESCO en 1993, esta urbe histórica cautiva al visitante con sus calles serpenteantes, sus plazas acogedoras y, sobre todo, con el color rosa característico de sus edificaciones.
Lo que distingue a Zacatecas es el uso predominante de la cantera rosa en sus construcciones. Esta piedra volcánica, extraída de las canteras locales, otorga a la ciudad una tonalidad única que cambia a lo largo del día con la luz. Al amanecer y al atardecer, cuando los rayos del sol bañan los edificios, la ciudad entera parece adquirir un resplandor rosáceo que la ha hecho merecedora del sobrenombre "Ciudad de Cantera Rosa".
Es importante iniciar su recorrido frente a la Catedral Basílica de Zacatecas, construida entre 1730 y 1760, admirando su textura y color, ya que en cada uno de los detalles de su fachada se puede apreciar la inspiración que artistas anónimos plasmaron hace siglos en su piedra rosada, en un estilo tan propio que la ha convertido en una de las joyas arquitectónicas del barroco mexicano del siglo XVIII.
Durante mi visita esta ciudad y ya en la tarde, siguiendo con la vista los trazos que un pintor hacía sobre el papel dibujando, contemplé nuevamente la Catedral iluminada por la luz del atardecer, la cantera reflejaba su color rosado con mayor intensidad, ya que es a esa hora cuando se puede observar con mayor definición los detalles de la fachada.
Zacatecas es una de las ciudades más antiguas de México, fue fundada el 8 de septiembre de 1546 por cuatro españoles: Juan de Tolosa, Diego de Ibarra, Baltazar Treviño y Cristóbal de Oñate.
A la llegada de los españoles existían cuatro tribus: los caxcanes, guachichiles, tecuexes y zacatecos, que vivían en una zona de frontera, al margen del señorío mexica. Fue Pedro Alméndez Chirino el primer español que entró a territorio zacatecano en 1530, enviado por Nuño de Guzmán, en busca de una nueva ruta por el norte hacia el Pacífico.
Si la cantera rosa es el rostro visible de Zacatecas, la plata constituye su alma histórica. Tras el descubrimiento de ricas vetas argentíferas, la ciudad debe su existencia y su esplendor a la minería de plata. Durante el periodo colonial, las minas zacatecanas producían aproximadamente un quinto de toda la plata mundial, convirtiendo a la región en una de las más prósperas del imperio español. Lo que da lugar que la ciudad se desarrolle
gracias a la industria minera, habiendo sido Zacatecas, junto con Guanajuato, los dos mayores centros en la producción de plata.
La Mina El Edén, hoy convertida en atracción turística, permite a los visitantes adentrarse en túneles históricos y comprender las duras condiciones en que se desarrollaba la extracción minera. El antiguo Colegio de San Luis Gonzaga, actualmente Museo de Arte Abstracto Manuel Felguérez, y el impresionante Acueducto del Cubo, son testimonios de la riqueza generada por la plata zacatecana.
En 1585 Felipe Segundo le confirió a esta congregación de mineros el título de Muy Noble y Leal Ciudad de Nuestra Señora de los Zacatecas. A partir del siglo XVI sus habitantes la han engrandecido, siendo un testimonio de la dedicación de generaciones de zacatecanos que lograron convertirla en una de las ciudades más hermosas y acogedoras de México.
Durante el siglo XVI se establecen en el lugar las órdenes religiosas de los Franciscanos, Jesuitas, Agustinos, Dominicos y Mercedarios, iniciando la construcción de conventos y templos con la ayuda de los mineros ricos. Fue precisamente de Zacatecas de donde partieron numerosas misiones que cubrieron distancias enormes en su ruta hacia la Alta California y Texas.
Los palacios, iglesias, monasterios y caseríos de piedra que se construyeron perduran como símbolos de una época que dio nacimiento a una nueva cultura
En la Guerra de la Independencia, Zacatecas fue tomada por Ignacio López Rayón. Subsecuentemente, los gobiernos liberales y conservadores se alternaron. Los franceses ocuparon Zacatecas, hasta que las tropas leales de Benito Juárez la recuperaron, en su camino triunfal hacia Querétaro.
La ciudad hizo nuevamente historia durante la Revolución Mexicana con la “Toma de Zacatecas”, resultado de la batalla que se libró al pie del Cerro de la Bufa el 23 de junio de 1914, cuando los generales Francisco Villa, Felipe Ángeles y los Dorados tomaron en un día la ciudad, combatiendo desde las 10 de la mañana hasta las 6 de la tarde contra el ejército huertista. Con este triunfo cae el gobierno de Victoriano Huerta, con lo que se considera la culminación de la Revolución Mexicana.
Legado que Perdura
Zacatecas representa la síntesis perfecta entre el pasado y presente. Sus callejones empedrados, sus templos barrocos y sus museos de clase mundial (como el Pedro Coronel o el Francisco Goitia) narran la historia de una ciudad que, nacida de la ambición por la plata, supo transformar su riqueza material en un patrimonio cultural de valor incalculable. La cantera rosa y la plata, materiales aparentemente opuestos, se complementan para contar la historia de una de las ciudades más hermosas y auténticas de México.
Las personas interesadas en obtener mayor información sobre el Estado de Zacatecas pueden visitar la página en el internet: https://turismo.zacatecas.gob.mx/
Texto y fotos por Mary J. Andrade








